Banderazo amarillo encendió Avenida Santiago Arata: bocinazos, selfies y alegría por Jorge Díaz
Publicado el: 20 octubre 2025

El semáforo marcó rojo y la esquina de Eilat con Santiago Arata se volvió amarilla. Banderas al viento, al ritmo de una música contagiosa y un coro de bocinazos hicieron latir el movimiento cotidiano, fue el banderazo de Jorge Díaz. Fueron casi 2 horas de energía ciudadana con cerca de 50 adherentes moviendo banderas, saludando a conductores y compartiendo el color emblemático de la campaña: el amarillo.

Mientras el tráfico hacía su pausa, el Jorge Díaz se abrió paso entre los autos para sacarse fotos y repartir vasos amarillos. Los conductores recibían volantes con sus propuestas y  en cada entrega hubo un instante de conversación. Una conductora bajó la ventana y, con el pulgar arriba, lanzó: “¡Vamos Jorge, Arica te acompaña!”. Desde una camioneta, un pasajero gritó: “¡Con usted al parlamento!”. Un colectivero tocó la bocina tres veces y añadió: “¡Siga en la calle, así se gana!”. Al lado, una porter se detuvo milésimas más de lo habitual y alguien desde el primer asiento pidió una selfie: “¡Una fotito pa’ la suerte!”. Click. Bocinazo. Bandera al cielo.

El movimiento fue constante. En cada cambio de luz, una nueva tanda de mensajes: “¡Vamos por más seguridad y empleo!”, “¡Cuenta con nuestro voto y de mi familia!”, “¡Gracias por saludar, te queremos cercano!”. Quienes no podían detenerse, apoyaban con la bocina larga: piii—pi—piii, y el gesto se replicaba con sonrisas desde la vereda. El amarillo dominaba los cuadros: niños levantando vasos la interior del auto, guardando el calendario en la cartera, jóvenes pidiendo el volante para leerlo después.

La familia de Jorge Díaz estuvo presente todo el tiempo. Su madre, sentada a un costado de la calle, levantaba la mano para devolver cada saludo, producía desde allí el apoyo genuino de ánimo entre los autos y la vereda a su hijo. Consultado por la presencia de toda su familia, el candidato respondió: “Mi familia siempre me acompaña porque queremos a Arica, somos ariqueños”.

“¡Gracias por estar aquí, Jorge!”, le dijo un motociclista. “¡No afloje, que la gente lo está esperando!”, sumó una pasajera desde el asiento trasero, con la ventana entreabierta.

El banderazo no fue sólo postal: fue contacto directo. Vaso entregado, propuesta explicada en 20 segundos de luz roja, fotos de apoyo y apretón de manos antes de volver a verde. A cada bocinazo, una respuesta; a cada bandera, un “gracias” devuelto. La esquina se convirtió en un pequeño foro cívico, a pie de calle, donde la ciudad conversó entre la luz roja y verde del semáforo sin tarimas ni parlantes.

Cuando el sol comenzó a caer, las últimas banderas bajaron despacio y se congregaron en una foto final de todos los participantes. Quedó, sobre todo, la promesa repetida en la vereda y al volante: “Cuenta con nuestro voto, Jorge”.

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