
A primera hora, cuando Arica amanece con sol de desierto y brisa costera, un trabajador guarda en su mochila el pasaje y un mapa mental: cuatro horas hasta Iquique si el camino acompaña; casi ningún vuelo directo dentro del norte, salvo a La Serena; y una ciudad que concentra al 97% de la población regional como un oasis rodeado de polvo y frontera.
Esa vida en el margen exige reglas que miren el mapa completo. Hoy, el artículo 67 del Código del Trabajo —fijado por el DFL N° 1 (2002)— reconoce un estándar general: 15 días hábiles de feriado anual con remuneración íntegra.
En el mismo cuerpo legal se admite que hay territorios donde el descanso necesita más tiempo: Magallanes, Aysén y Palena reciben 20 días hábiles, y el feriado se concede de preferencia en primavera o verano.
La reforma que se propone es sencilla y poderosa: agregar a Arica y Parinacota a esa excepción del inciso tercero del artículo 67. No para pedir privilegios, sino para equilibrar donde realmente se juega la vida.
Porque aquí la distancia no es metáfora: es tiempo que se come el feriado; es un clima extremo del desierto más seco que fatiga y encarece; es una economía que aún busca combustión para retener y atraer talento.
El derecho también trae brújula. “Donde existe la misma razón, debe existir la misma disposición”: si el país ya entendió que en el sur austral se requieren 20 días para llegar, ver, volver y descansar, la misma norma debe amparar al norte extremo.
Además, el Estatuto Administrativo (Ley 18.834, art. 106) otorga 5 días adicionales a funcionarios que residen en Tarapacá, Antofagasta, Aysén, Magallanes y en las provincias de Chiloé y Palena —criterio que históricamente comprende a Arica por su pertenencia a Tarapacá—. ¿Por qué el sector privado en estas zonas debería jugar con otro reloj?
Chile se ha contado durante décadas como una cuerda tensa entre hielos del sur y sol del norte. Pero las cuerdas también se cortan si no alivian su presión. Veinte días en Arica y Parinacota no son una dádiva: son una inversión en productividad, arraigo y dignidad; una señal de que el país entiende que el descanso también necesita carretera. Y que al comienzo de Chile, por fin, llega la misma justicia al extremo norte.
20 días hábiles de vacaciones para Arica y Parinacota.
