“Ley Hijito Corazón”: la propuesta de Jorge Díaz para una vejez digna
Publicado el: 14 octubre 2025

En Chile hay miles de madres, padres y abuelos que llegan a la vejez con una mochila
silenciosa: depresión por la soledad, pensiones que no alcanzan y un abandono que
duele más que cualquier enfermedad.

La “Ley Hijito Corazón”, impulsada por el candidato a diputado Jorge Díaz, busca el
deber legal de hijas e hijos para apoyo y cuidado proporcional cuando sus madres,
padres o abuelos/as que fueron sus cuidadores en la infancia no cuenten con ingresos
suficientes. Que ese dolor deje de ser el final del camino y que el cuidado que ellos
entregaron en la infancia se reconozca ahora como una responsabilidad filial
proporcional y exigible.

La herida que no se ve: vejez en soledad
“Mi mamá cuida fotos como quien cuida brasas. Dice que de ahí saca calor cuando
cae la tarde”, cuenta María, 62 años, que dejó de trabajar para atender a su madre
con demencia. Ella es ejemplo de una realidad extendida: la curaduría —cuando
existe— protege bienes, pero no asegura compañía ni afecto, dejando un vacío
humano que el sistema no llena.
En Arica y Parinacota, el envejecimiento acelerado y la migración de hijos/as han
agudizado abandono emocional y económico, incluso en familias con lazos directos.
“Aquí el teléfono suena menos y las pastillas cuestan más”, resume Don Jaime, 78
años, jubilado.

Qué cambia con “Hijito Corazón”
La iniciativa establece por ley un deber legal de cuidado proporcional de hijas e
hijos hacia quienes fueron sus cuidadores principales, activable cuando la persona
mayor no tiene ingresos suficientes ni redes de apoyo. No se trata solo de plata: la
obligación combina apoyo económico, afectivo y presencial, según la capacidad
real de cada hijo/a, con un procedimiento judicial expedito para casos de abandono.
Además, crea un Registro Nacional de Cuidadores Históricos, validado por
SENAMA y Tribunales de Familia, para reconocer a quien efectivamente “crió,
contuvo y acompañó” y evitar fraudes. También considera incentivos tributarios para
el cumplimiento voluntario del deber.
“Si te cuidaron, no los abandones. Esta ley reconoce el amor recibido y lo transforma
en responsabilidad”, reza el texto programático de la propuesta.

Un marco jurídico que pone a la persona al centro
Para volver exigible este cuidado, la propuesta modifica el Código Civil (deberes
filiales y alimentos) y la Ley N° 19.968 (Tribunales de Familia), e integra estándares de
la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos de las Personas
Mayores. La ruta sugiere moción parlamentaria y tramitación en las comisiones de
Familia y Personas Mayores.
“Don Roberto crió solo a dos hijas vendiendo pan en la madrugada. Hoy, con 82, vive
en una pieza arrendada. ‘No quiero que me mantengan —dice—, solo que se

acuerden de mí’”. Historias como la suya son las que la ley busca visibilizar y
amparar: reconocer la reciprocidad del cuidado como un estándar social y jurídico.
Resguardos para que funcione (y no se vuelva un juicio eterno)
El diseño prevé mediación familiar para evitar judicialización excesiva y conflictos
entre hermanos, aplicando criterios de proporcionalidad y la validación del vínculo
histórico vía SENAMA y testimonio comunitario. El impacto se medirá con indicadores
como casos activados por abandono, registros validados y cumplimiento
voluntario.

Cómo se implementa
La propuesta plantea financiamiento mediante glosa en la Ley de Presupuestos a
través de SENAMA, convenios con el Poder Judicial para capacitación y
procedimientos simplificados, y fondos de apoyo familiar condicionados al
cumplimiento.

Lo que está en juego
No es solo legislar: es cambiar la cultura del abandono. La ley no reemplaza el
cariño, pero abre una puerta legal para que nadie termine sus días olvidado. Para
Carmen, 74, que perdió a su compañero y vive de una pensión básica, la promesa es
simple: “ser vista”. Para Don Manuel, 80, con la foto de sus nietos en la mesa, la
esperanza es concreta: “que me toquen la puerta más seguido”.
La “Ley Hijito Corazón” no idealiza a las familias, las responsabiliza. Porque sin
cuidado, no hay dignidad; y sin dignidad, la vejez se vuelve tragedia. Esta propuesta
convierte una intuición moral en una obligación justa y proporcional: quienes nos
cuidaron, cuentan con nosotros.

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